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Saga Davies

Tras la prominente figura de Marion Davies, la prestigiosa actriz de cine, se esconde una saga de mujeres dedicadas, con mayor o menor suerte, al mundo del espectáculo y la escritura. 

Rose Reilly, oriunda de Nueva Jersey, contrajo matrimonio en 1884 con Bernard J. Douras, un abogado que se movía dentro de los círculos políticos de Nueva York. Mamá Rose era una mujer dulce que amaba el sol, la cocina y la vida hogareña y que se entregó por completo a su familia y a sus hijos: Reine, Ethel, Charles, Rosemary y Marion.

En la primavera de 1900 la tragedia sacudió a la familia Douras, cuando sus padres decidieron escapar de la ciudad e ir a pasar el fin de semana del Día del Trabajo al lago Saratoga. Llevaban unos días allí cuando Charles decidió ir a remar al lago, quedando su madre al cuidado de las pequeñas. Al caer el sol, el niño aún no había vuelto, por lo que la familia fue al lago a buscarlo. Incapaces de hallar rastros del niño, llamaron a la policía, que pasó días sondeando las aguas con pértigas de manera infructuosa. No fue hasta el 7 de septiembre que el cuerpo del pequeño Charles apareció en el extremo norte del lago, cerca del puente del ferrocarril de Boston y Maine. El fallecimiento del niño provocó una crisis en el matrimonio, que comenzó a distanciarse poco a poco y acabó hundiendo a Papá Ben en la adicción al alcohol. Sólo la preocupación por las habladurías impidió que el matrimonio acabase en divorcio o incluso en una separación oficial. Sin embargo, marido y mujer acabaron viviendo separados la mayor parte del tiempo a partir de entonces, quedando el cuidado de sus hijas bajo la responsabilidad de la madre.

En una casa llena de hijas, Mamá Rose dio alas a todas ellas para edificar sus vidas. Fue así como en 1901 Reine hizo su debut en Broadway, a la edad de 17 años, momento en el que decidió adoptar el de Davies como apellido profesional. No tardó en trasladarse a Chicago bajo la tutela de George W. Lederer, destacado empresario teatral y futuro esposo. Ethel seguirá a Reine a Chicago poco después.

A Comienzos de 1906, Reine y Ethel recibieron la visita de Mamá Rose junto con Rosie y Marion, sus hermanas pequeñas. La estancia se alargará nada menos que 4 años, influyendo poderosamente en los sueños de Marion de dedicarse al espectáculo, como sus hermanas. Por el contrario Rosemary, que sufría una deformación congénita en la cadera, se volcará en sus dotes para la música y la composición. 

Las cuatro hermanas tuvieron carreras exitosas, pero también vidas privadas un tanto truculentas, salteadas de matrimonios de conveniencia, amoríos, divorcios, rumores, escándalos, adicciones, fiestas... El matrimonio de Reine con George W. Lederer fue breve, acabando en ruptura al poco de de traer al mundo a Pepi y a Charles. También breve fue el matrimonio de Rosemary con George Barnes Van Cleve, que se fue a pique cuando Patricia, la única hija en común, tenía 6 años. Marion, bastante escéptica en lo que a la institución matrimonial se refería, cohabitó durante años con su amante, William Randolph Hearst, el temido magnate de los medios de comunicación. Ethel tampoco llegó a contraer matrimonio, aunque falleció prematuramente a causa de un derrame cerebral. 

Marion, que amasó una fortuna considerable como actriz primero y como agente inmobiliaria después, acabó acogiendo en su lujosa mansión a la segunda generación de su familia, entre la que se contaban sus sobrinas Pepi Lederer, hija de Reine, y Patricia Douras, hija de Rosemary; si bien hay que señalar en este punto que algunas fuentes, entre las que se cuenta los descendientes de la propia Patricia, aseguran que ella era en realidad la hija de Marion y su amante. 

Al parecer, ni Reine ni Rosemary mostraron demasiado interés o demasiadas cualidades para la crianza, todo lo contrario que Marion, que fue la que dio a sus sobrinos el calor de hogar que tanto necesitaban. Las niñas crecieron así en un entorno lleno de lujos y altas dosis de caos, el cual contribuyó de forma importante a su visión del mundo, en el que el hedonismo, las adicciones y las polémicas eran elementos cotidianos. 

Patricia cosechó un gran reconocimiento como actriz de televisión y radio, aunque los últimos años de su vida dependerá de la fortuna legada por su tía Marion para mantener su tren de vida con mayor o menor fortuna. La vida de Pepi, con mejores dotes para la escritura, fue una montaña rusa que de éxitos y de fracasos que acabó trágicamente en la habitación del ala de psiquiatría de un hospital de California.

Saga Davies

Más información:

  • “Captain of Her Soul: The Life of Marion Davies” de Lara Gabrielle.

Fuentes:

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