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Pepi Lederer (1910-1935)

Soy Pepi Lederer y, aunque mi cuna me permitió entregarme al hedonismo, nunca me resultó fácil defender mi autenticidad frente al mundo.

Viene al mundo en Chicago, el 18 de marzo de 1910. Recibí el nombre de Josephine Rose, aunque en casa solían llamarme Peppy. Me sentí tan identificada con ese apodo que a los 18 años modifiqué mi nombre legal para convertirlo en Pepi.

Mi madre era Reine Davies, la famosa artista y cantante de vaudeville. Mi padre era George W. Lederer, productor y director de Broadway. Tenía un hermanastro, Maitland, fruto de un matrimonio anterior de mi padre; y un hermano menor, Charles, luego guionista. 

Mis padres se divorciaron en 1912 y fue así como mi hermano Charles y yo pasamos al cuidado de la tía Marion, la famosa actriz y hermana de mi madre. Ella nos acogió en su lujosa casa, en la que mi madre se presentaba de vez en cuando y sin mediar invitación para acusarla de robarle los hijos. 

Westlake School for Girls en 1925 | Westlake Archives

Tras las navidades de 1925, me mudé con mi tía y mi hermano a San Simeon, al Hearst Castle, el extravagante palacete edificado por William Randolph Hearst, amante de mi tía desde hacía años y de aquí en adelante El Jefe. Aquí pasé mi primera juventud, mientras asistía a la Escuela Westlake para Niñas. En casa de mis tíos, la educación era exasperantemente tradicional y dieron mucho más valor a las ambiciones de mi hermano que a las mías. De hecho, a pesar de que El Jefe tuviese el poder de alzar y hundir estrellas gracias a los medios que poseía y mi tía fuese una referenta en la meca del cine, mi sueño de ser actriz no pasó de ser eso, un mero sueño. En 1926 me gradué en la Escuela Westlake. En 1927 participé en el rodaje de "The Fair Co-Ed", aunque producción eliminó mi participación en la película. Al año siguiente actué en "The Cardboard Lover". Después de eso no volví a rodar. 

Parte del metraje de "The Cardboard Lover", en el que Pepi, vestida de blanco, acompaña a su tía Marion | Lara Gabrielle @backlotsfilm en X

Por fortuna, la tía Marion fue más comprensiva con mis inclinaciones afectivas, quizás debido a la tolerancia reinante en el Hollywood de la Era del Jazz. Adopté la estética flapper y me declaré abiertamente lesbiana, convirtiéndome en poco tiempo en una figura relevante en la comunidad homosexual hollywoodiense de los años 20 y 30.

Por aquella época conocí, en uno de los eventos en el Hearst Castle, a  Louise Brooks, que ya en ese momento era una reputada actriz. Louise estaba casada ya con Eddie Sutherland, su primer marido, que al poco tiempo abandonó la mansión sin su esposa, al parecer presa del aburrimiento, cosa en extremo incomprensible, ya que aburrirnos era lo último que hacíamos en San Simeon. Allí siempre había algo divertido que hacer y, a pesar de esa suerte de ley seca instaurada en casa por El Jefe, el abastecimiento de champán tampoco era un problema gracias a mi amistad con los camareros. 

Cuando no estaba en el Hearst Castle, estaba en la lujosa mansión de la tía Marion en Beverly Hills. Allí me refugié un tiempo con Nina Mae McKinney, hasta que, a punto de finalizar 1929, los estirados de los vecinos llamaron mi tía para quejarse de la presencia de afroamericanos alrededor de la casa. 

La vivienda de Marion Davies en Beverly Hills | The The Huntington

Descubierto el romance con Nina, mi tía y El Jefe decidieron enviarme a Nueva York, donde me instalé sola en un apartamento en el número 42 de West Fifty-fourth Street, donde continué con mi estilo de vida repleto de diversión y fiestas.

Todo fue bien unos días, hasta la víspera de la nochevieja. Aquella noche asistí a una fiesta en la que mi vida dio un vuelco, cuando uno de los asistentes aprovechó mi estado de embriaguez para violarme de camino a casa y dejarme al borde del abismo de la autodestrucción.

Después de aquello conocí a la actriz Alma Rubens, que me acompañó en aquellos momentos difíciles y con la que compartí mi afición por las drogas, incluyendo la heroína y la morfina. Aunque sólo tenía 32 años, a aquellas alturas de su vida Alma estaba ya consumida por sus adicciones, por lo que su frágil anatomía sucumbirá poco después, en enero de 1931, a causa de una neumonía.

West 54th Street, mirando al este desde la 5th Avenue, New York, en 1928 | Fotografía de William J. Roege / The New York Historical Society / Getty Images | GettyImages.com

A finales de marzo de 1930 descubrí que había concebido un hijo de mi violador. La tía Marion me aconsejó que abortara y así lo hice, sometiendo, claro está, a una intervención clandestina. Todo aquello me dejó devastada, mental y físicamente, y tardé meses en recuperar mi salud. 

En junio pude viajar a Europa con mi tía y su amante y una vez allí, estando en Londres, me las apañé para convencer al Jefe para que me diese una sección en The Connoisseur, una de sus revistas. Mi nuevo trabajo y la generosa asignación de mis tíos me permitieron instalarme en Londres y comenzar allí una nueva etapa llena de ilusión y buenos augurios. En efecto, escribir no sólo se me daba bien, sino que me hacía feliz y por vez primera en mi vida, a los 20 años, podía sentir que era yo misma. En Londres también conocí a Monica Morris, mi nueva novia; sí, en mi entorno se había ganado la dudosa reputación de ser una oportunista en busca de un alma ingenua dispuesta a acogerla y costearle sus lujos y sus adicciones, pero era una oportunista encantadora...

En 1935 decidí regresar a Estados Unidos junto a Monica. Nos instalamos en la suite de la Torre Ritz, propiedad del Jefe, y pasamos allí varias semanas. Luego nos mudamos a Los Ángeles, a la mansión de la tía Marion en Beverly Hills. Mis tíos no sólo no se movieron del Hearst Castle para venir a verme, sino que ni siquiera nos invitaron a evento alguno en San Simeon.  Aquel desprecio me hizo sentir que no me querían allí. Sin duda, había elegido un mal momento para regresar a casa, pues la deriva conservadora predominante en los Estados Unidos después de la Gran Depresión había llenado de intransigencia los corazones de mis paisanos.  

A finales de mayo, El Jefe me obligó a internarme en el pabellón psiquiátrico del Hospital del Buen Samaritano, en el 1212 de Shatto Street. Apenas tuve un momento para despedirme de Monica, a la que le entregué el anillo de diamantes que la tía Marion me había regalado al cumplir 18 años; fue mi forma de asegurarme de que pudiese seguir su camino sin mi. Tras reconocerme, el doctor Samuel Hirshfeld, amigo del Jefe, me diagnosticó una "melancolía aguda", signifique lo que signifique eso...

Good Samaritan Hospital, alrededor de 1923-33 | LA Conservancy

En la noche del 11 de junio llamé a mi enfermera para decirle que tenía hambre. Cuando la solícita mujer se alejó en búsqueda de sustento, salté al vacío desde el sexto piso de mi habitación. El golpe contra los arbustos no me arrebataron la vida, pero casi, porque fallecí unos minutos después, antes de que los sanitarios pudiesen trasladarme al quirófano. 

En The San Francisco Examiner, propiedad del Jefe, mi muerte se abordó como un accidente, atribuyendo mi hospitalización a "una crisis nerviosa causada por el exceso de estudio". Supongo que no fue suficiente para eclipsar los primeros obituarios, algo más apegados a la realidad. Después de eso, los hombre del Jefe le hicieron una visita a Monica. Registraron sus cosas, le arrebataron un paquete de cartas mías, le arrancaron del dedo el anillo que le había regalado, le dieron un billete de barco a Southampton y mil dólares en efectivo y le advirtieron que la deportarían nada más acabar el funeral.

El reverendo Neal Dodd, que unas pocas semanas antes había dirigido los ritos funerarios mi abuelo, ofició mi funeral en la Iglesia de Santa María de los Ángeles. Portaron mi féretro Harpo Marx, Buster Collier, Orry Kelly, Ted Draper, Harry Crocker, Matt Moore, William Haines y Jimmie Shields; casi todos ellos, con la excepción de Harpo Marx, eran abiertamente homosexuales o bisexuales y, como yo misma, habían defendido la libertad sexual imperante en el Hollywood de los años 20s. 

Hoy mi cuerpo descansa en el mausoleo familiar, en el cementerio Hollywood Forever en Los Ángeles. 

Pepi Lederer, alrededor de 1930, fotografiada por Ruth Harriet Louise | Wikipedia

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