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Christine de Pizan (c.1364-c.1431)

Soy Christine de Pizan y, aunque mi nombre no aparecen en los libros de historia, tuve el privilegio de dedicarme a la escritura profesional en plena Edad Media y usé esa posición para defender la dignidad de las mujeres desde mis obras.

Vine al mundo en Venecia, ciudad de la que pocos recuerdos conservo, ya que mi familia la abandonó para acompañar a mi padre, Tommaso de Pizano, después de que el muy sabio Carlos V de Francia le ofreciese el puesto de médico real siendo yo aún una niña pequeña. 

Fue así que crecí en una de las Cortes más cultas de Europa, en la que su rey rodeose de hombres eruditos y de libros, a los que consideraba en tan alta estima, que dedicó a ellos una torre entera en el Palacio del Louvre. Aquel ambiente elevado pronto incitó mis ansias de aprender, espoleadas, todo hay que decirlo, por mi padre, quien era de la opinión de que las Ciencias no debían estar vedadas a las mujeres, siendo él mi primera puerta de acceso al conocimiento, muy a pesar de mi madre, a la que le apesadumbraba grandemente mi inclinación por los papiros. Sé que la insistencia de mi madre por que aprendiese labores de aguja, modales de corte o gestión del hogar no era fruto del capricho ni de la maldad, sino del pragmatismo de una mujer que, conocedora de las convenciones sociales, sabía que tales aprendizajes harianme más casadera que la facultad de entender el latín. 

Mi amor por la lectura, sin embargo, no impidió que, transcurridos los años, mi padre concertarame un matrimonio ventajoso con Étienne du Castel, el flamante notario real, con el que casé a los quince años, siendo él diez años mayor que yo. 

Por suerte para mí, mi bienamado padre tuvo buen ojo para elegir yerno, pues tampoco a Étienne le incomodaba mi inclinación por los libros. Sin embargo, pronto descubrí que la gestión de la casa no pensaba cederme mucho espacio para el esparcimiento, el cual fue relegado a un segundo o un tercer plano si cabe con la llegada de la descendencia. 

Quiso la Fortuna que ese mismo año falleciese el rey Carlos V, legando el trono al niño Carlos VI, su hijo. Debido a la tierna edad del nuevo rey, sus tíos carnales, los duques de Anjou, Berry, Borgoña y Borbón, asumieron el Gobierno de Francia, para desgracia de nuestra familia, ya que desde ese preciso instante mi padre, como muchos de los consejeros de Carlos V, empezó a perder influencia y sueldo, pero también dicha y salud.

Nuestra situación siguió deteriorándose los siguientes años, a la par que el estado de salud de mi padre, que falleció tiempo después, dejando a la familia hundida en la tristeza y en la precariedad. Después de aquello mis hermanos partieron a Italia a resolver sus asuntos, dejando en Francia a su hermana y a su madre para no volver. 

Y henos aquí que, sin haber superado la desgracia, la Fortuna, incansable como ella sola, cruzóse una vez más en mi camino para arrebatarme a mi amigo, dejándome a cargo de mi anciana madre, mi propia descendencia y de una joven cercana a mí cuyo cuidado habíame sido encomendado. Quedé sola, rota y desvalida en medio de la fealdad del mundo, un mundo en el que deudores y acreedores, viéndote viuda e iletrada, mofánse de tu desgracia desatendiendo sus deudas o reclamando lo que tu difunto esposo pagara ya antes. Crean que no exagero si digo que fue la fortuita y dolorosa pérdida de Étienne la que hizome abrir los ojos y descubrir cuan ingenua y perdida estaba una mujer, apartada de cualquier Ciencia por el mero hecho de llevar enaguas.

Christine de Pizan escribiendo "Cien Baladas" | En Attendant Nadeau

Dispuesta a reclamar lo que por norma pertenecíame, encerreme en mi estudio a desmigar cuanto libro pudiese hallar sobre leyes, depositando la gestión de la casa en las manos de mi madre, que bien supuso lo arduo y dilatado del camino que aguardábame, en particular en lo que referíase a los salarios debidos a mi difunto marido por su trabajo como notario real.

A propósito de la Corte de Carlos VI he de decir que en aquellos días habíase convertido en un hervidero de preocupaciones, pues el rey a menudo sufría brotes de locura que lo enajenaban durante  varias jornadas. Es por esto que el poder lo regentaba la reina Isabel de Baviera y su consejo de nobles, el cual hallabase divido en dos bandos: el del Duque Felipe II de Borgoña el Atrevido y el Duque Luis de Valois de Orleans, tío y hermano del rey respectivamente. 

Miniatura de "El Libro de la Reina" que representa a Christine de Pizan presentando su libro a la reina Isabel de Baviera | BL Harley 4431., c. 1410-14 CE, British Library

Viendo que los ahorros menguaban, que la venta de enseres carecía ya de posibilidades y que los asuntos legales no tenían viso de pronta resolución, empecé a redactar textos administrativos por encargo. Mi única licencia en aquellos momentos oscuros eran las baladas que componía a mi amor perdido, las cuales ayudabanme a sanar las heridas de mi alma. Fue así como percateme de que los versos de la otrora hija del astrólogo no eran mal recibidos en la Corte, lo que llevome a dedicar mis baladas a la grandes personalidades que por allá pululaban, las cuales agradecían mi ofrenda con algunas monedas o joyas.

Las baladas mudaron en poemarios y, después de que el Duque de Orleans agradeciese mis dedicatorias generosamente, mi estudio de documentos administrativos mudó en taller de libros de lujo. Todos en la Corte querían un poemario de la hija del astrólogo, esa rara avis que, vistiendo enaguas, sabía juntar letras como un varón. A los poemarios le siguieron libros de las más diversas temáticas, incluso de política o de teoría militar. Sin embargo, a ninguno le puse más corazón que aquellos en los que traté de restituir la dignidad de las mujeres, largamente denostadas en los textos de uno y otro varón.

De todos ellos, el más elogiado es "La Ciudad de las Damas", pero sabed que no fue el único. 

Página iluminada de "La Ciudad de las Damas" | web de Hannah Charlton

Enarbolando este estandarte tomé posición en la conocida hoy como Querella de las Damas, un debate literario y político mediante el cual los hombres pretendían resolver la posición de la mujer en la Sociedad sin dar voz a las mujeres, e inicié la Querella de la Rosa, una disputa formal que señalaba la difamación hacia las mujeres contenida en los versos de Jean de Meung en el Romance de la Rosa. 

Con los albores del nuevo siglo, la situación política siguió polarizándose en torno a los bandos del Duque de Borgoña, por entonces Juan Sin Miedo, y el de Orleans, hasta desembocar en un enfrentamiento abierto que sumió a Francia en la guerra civil, circunstancia que el rey inglés aprovechó para desembarcar en Normandía y reclamar la corona francesa. Luego, cuando los Borgoñeses tomaron París, mi  condición de protegida del Duque de Orleans obligome a huir de la ciudad y a refugiarme en el Monasterio dominico de Poissy.

Lejos de los muros de piedra, la guerra entre los franceses y la guerra de los franceses con el inglés prometían un futuro desolador para Francia, una tierra que nunca pude mirar con los ojos de una extranjera. Pasé años sin escribir. No merecía la pena tanto esfuerzo. Hasta que una campesina presentose en Chinon con el encargo divino de sentar al futuro Carlos VII en el trono de Francia. A ella dediqué mi última obra: "Canción en honor de Juana de Arco".

Dejé este mundo antes que ella, ajena al destino terrible que le aguardaba. 

Tras mi fallecimiento, mi memoria disipose en el tiempo, como la rara avis que fuera, planeando hacia el olvido. Ya en el siglo XVIII, la escritora Louise‑Félicité Guynement de Kéralio‑Robert intentará reivindicar mi trabajo, lo mismo que Simone de Beauvoir y varias historiadoras, bien entrado el siglo XX. Ellas pondrán mi obra allá donde siempre debió estar. 

Christine de Pizan en su estudio, obra de Geille | Getty Images

Más información:

  • En el Sutori dedicado a Christine de Pizan encontraréis información más detallada sobre la biografía de Christine de Pizan.
  • Se incluye, además, libros y enlaces a artículos, tesis, podcasts, documentales y muchas más fuentes en las que seguir ampliando toda esta información.

Obras de Christine de Pizan: 

  • Cent Ballades (1399)
  • L'Épistre au Dieu d'amours (La Epístola al Dios de Amores) (1399).
  • Le Debat Deux Amants (1400)
  • Le Livre des Trois Jugemens (1400)
  • Le Livre du Dit de Poissy (1400)
  • Enseignemens Moraux (1400)
  • Proverbes Moraux (1400)
  • L'Épistre de Othéa a Hector (Las Epístolas de Otea a Héctor) (1400).
  • Epistres du Debat su le Roman de la Rose (1401-1403)
  • Dit de la Rose (Dicho de la Rosa) (1402).
  • Cent Ballades d´Amant et de Dame (1402)
  • Oraison Nostre Dame (1402)
  • Livre de la mutation de fortune (Libro de la Mutación de la Fortuna) (1403).
  • Livre du Chemin de Long Estude (El Camino del Largo Estudio) (1403).
  • Dit de la Pastoure (1403).
  • Le Livre du Duc des Vrais Amants (1404).
  • La Biografía del rey Carlos V de Francia (1404).
  • Livre des Fais et Bonnes Meurs du Sage Roy Charles V (Los hechos y buenas maneras del rey Carlos V) (1404).
  • L'Avision de Christine (La visión de Christine) (1405), autobiografía.
  • Le Livre de la Cite des Dames (Libro de la Ciudad de las Damas) (1405).
  • Epistre à Isabelle de Bavière / Epistre à la reine Isabeau (Epístola a la reina Isabel) (1405).
  • Le Livre des trois vertus à l'enseignement des dames (1405). También conocido como Le trésor de la cité des dames (O Tesouro da Cidade das Damas).
  • Le Livre de la Prod´hommie (1405-1406).
  • Livre du Corps de Policie (1407).
  • Sept Psaumes Allegorises (1410).
  • Le Livre des Fais d´Armes et de Chevalerie (El Libro de los hechos de armas y de caballería) (1410).
  • La Lamentation sur les Maux de la France (1411-1412)
  • Livre de la Paix (1413)
  • L´Epitre de la Prison de Vie Humaine (1418)
  • Heures de Contemplation sur la Passion de Nostre Seigneur (1420)
  • Ditie de Jehanne d'Arc (Canción en honor de Juana de Arco) (1429). 

Obras online:

Fuentes:

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