Soy Luisa de Carvajal y Mendoza y, aunque no reconozcáis mi nombre, fui una de las más celebres poetas místicas de España y adalid de la causa católica durante la persecución anglicana. Vine al mundo en la cacereña villa de Jaraicejo, el 2 de enero de 1566, en una casa palacio de la calle Talavera, en el seno de una familia noble. Mi padre era Francisco de Carvajal y mi madre, María de Mendoza, mujer piadosa y temerosa de Dios y hermana de Francisco Hurtado de Mendoza, a la sazón conde de Monteagudo y marqués de Almazán. Nací siendo la primera niña de la familia tras cinco varones, de los que sólo sobrevivía uno de ellos en el momento de mi nacimiento. No pasé demasiado tiempo en mi localidad natal, pues pronto destinaron a mi padre a León como corregidor. De aquellos días recuerdo la devoción que por mi madre albergaba y el padecimiento que significó su pérdida, pues falleció víctima del tifus cuando yo sólo tenía seis años. Poco después la siguió mi padre, que también contra...
Imagina que las mujeres olvidadas en los libros de Historia pudiesen hablarnos de ellas mismas...